domingo, 11 de noviembre de 2012

TOCUYOS DE ALFONSO RESPALDIZA



Además de su valor propio estos Tocuyos de Alfonso Respaldiza plantean, a un nivel concreto las complejas relaciones que pueden existir entre lo que se llama Arte y lo que se llama Artesanía.  Respaldiza fue un artista correcto, urbano y académico a sus 22 años antes de viajar a Brasil.  Frecuentaba entonces estilos formalistas y abstractos y su pintura, siendo exploraciones de sí mismo, era también un modo secreto de subrayar la relación filial con su padre, José Respaldiza, artista de marcado énfasis intelectual, 1968 fue para Alfonso Respaldiza el comienzo de una ruptura con ese mundo bien ordenado.  Ese es el año en que el Perú sufrió uno de sus pachacutes políticos y sociales.  Al viajar entonces Respaldiza a Brasil dejaba una sociedad trastornada y que por eso mismo perdía su poder sobre él.  Decisiva fue su experiencia en el taller de grabados que dirigía Alhir Botello.  Ni sus estudios de Arquitectura en Chile o en la Escuela de Bellas Artes de Lima influenciaron tanto en Respaldiza como el breve consejo de Botello: “Pinte Ud. cosas del Perú, pinto lo que Ud. es”.Publicado en Revista Cielo Abierto, Vol. VI, N° 16, agosto 1981.
Respaldiza no estaba seguro sin embargo de cual habría de ser su lenguaje plástico.  ¿Diseño y diagramación?  ¿escultura?  De regreso al Perú aprendió incluso el viejo arte de los retablos ayacuchanos y dedicó largas horas a leer los mates burilados.  Este proceso de búsqueda fue acelerado por una feliz experiencia sicoanalítica (1976).



Los Tocuyos de esta exhibición condensan todo ese largo proceso.  Es vieja esta tradición de los Tocuyos en el Perú.  Los Catecismos Chavín de Carhua (Costa Sur) fueron hechos con este material; el más fuerte y sencillo de todos con sus largas fibras amarradas en un elemental cruz de trama y urdimbre.  También emplearon el Tocuyo los grandes maestros pintores de Chancay.  Durante el Coloniaje vino a menos, y lo “distinguido”, lo “moderno”, era trabajar sobre cueros y lienzos importados.  En algunas partes del Perú sin embargo, el Tocuyo continúa al servicio de la pintura.  Es el caso de los Tocuyos Misionales de Chachapoyas y de Mojos con sus grandes escenas bíblicas hechas por encargo de los jesuitas.  De algún modo, pues, viejas técnicas, viejas ideas plásticas sobrevivieron.  Así nos podemos explicar el milagro pictórico de Encarnación Mirones que a mediados del XIX pintó sobre Tocuyo con la fuerza de un buril, como si estuviese (como podría haber dicho Sabogal) tatuando la piel de un mate.
Sin saberlo quizás, Respaldiza se vincula a esa tradición.  En estos Tocuyos hay el énfasis aprendido en los grabados; de allí su impacto táctil pese al rico cromatismo de las telas.  No hay aquí ninguna sofisticada presentación perspectivista ó anti-perspectivista.  Es una pintura de regreso en que todas las figuras ocupan el primer plano como si dentro de la consideración íntima el significado simbólico así lo exigiera.  Nada tiene aquí otra jerarquía que las necesidades de la composición.  Bien puede sin embargo debatirse algunas preferencias: el Sol Paterno, las aves maternales y femeninas; la obsesión vegetal, que es tan andina; todas presentadas por Respaldiza sin conflicto.  En un ámbito de reconciliación.
No estamos viendo una pintura homogénea.  Parecería que Respaldiza maneja en estos momentos dos ó tres aperturas.  Una de ellas confiada al color y a lo floral; allí las figuras se aprietan armoniosamente dentro de un horror al vacío.  En el otro extremo se encuentra el misterio del batik, donde Respaldiza se ha inspirado notoriamente en motivos de los mates huancaínos.  Hay por último otros dos registros, próximos entre sí:  Allí el artista está accediendo a un proceso de eliminación y abstracción de la figura y a poner en evidencia el valor de los fondos, todo dentro de una gran economía cromática que contrasta con la explosión de los primeros registros.


Es difícil predecir cuanto durará esta Fase Tocuyo dentro del desarrollo plástico de Respaldiza.  Pero resulta positivo que en un momento de crisis el artista haya recurrido a influencias tan diversas como los que se han mencionado (grabado moderno, mates tradicionales, batik, etc.).  Quizás en la libertad de esa aproximación esté uno de los secretos de la belleza.  Uno de los milagros, una de las explicaciones del arte se encuentra en el hecho paradojal de que solo explorando zonas peligrosas, marginales, puede llegar una obra a su iluminación.





Fotografías: Wilfredo Loayza


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