En
1979 hice conocer a Encarnación Mirones, artista popular del siglo XIX, cuyo Carnaval de Tacna era exhibido desde
hacía años en un museo público limeño sin que nadie le prestara atención.
Poco después, por noticias recogidas, entre diversos
coleccionistas, supe que había fuera del Perú por lo menos otras dos obras
reconocibles como hechas por Mirones: El
Puerto de Cobija y La Procesión. No
he podido, sin embargo, obtener hasta ahora fotografías de ellas. Temía por eso que Mirones terminara siendo
(para el Perú, al menos) pintor de un solo cuadro. Hasta que repentinamente han llegado a Lima
dos trabajos suyos que motivan esta nota.
Ambos llevan título puestos por el propio Mirones y uno de ellos el nombre
del autor. Son Carnaval en La Paz y El Alto de la Alianza. Cada cual tiene su propia importancia
histórica y artística.
Para apreciar toda esa producción valdría la pena transcribir
previamente un breve comentario hecho por mí en otra oportunidad. Mirones fue al parecer un artista trashumante
que recorrió el sur del Perú y parte de Bolivia a mediados del siglo XIX. Era un hombre de provincia pero no un hombre
del campo. El suyo era, a mediados del
siglo XIX, uno de los mundos portuarios más activos del Perú (habitaban en él
salitreros peruanos, mineros de Chile, marineros ingleses, peones de La
Paz). En este medio cosmopolita y
popular a la vez, Mirones desarrolló fácilmente sus tendencias satíricas. En el
Carnaval de Tacna, por ejemplo, el
secreto de la composición está en la figura de Ramón Castilla. Mirones la ha
manejado con la desenvoltura del caricaturista político. Todo en el cuadro apunta hacia la figura del
Mariscal retorcida como una marioneta.
No sólo los curiosos se acoderan en los balcones, sino esa militar
vanguardia de pechos femeninos que marca poderosamente como si quisiera
atropellar a las figuras que se arrinconan a la izquierda.
El mérito principal de Mirones
dentro del arte peruano no está solamente en la voluntad desmitificadora de sus
cuadros; lo que ya estaba presente en Pancho Fierro y las caricaturas políticas
(otro renglón a estudiar), sino en haber logrado por primera vez transferir a
la pintura en lienzo las modalidades del burilado en mates. Mirones pintaba sus lienzos como si fueran
mates. Estos lienzos-Mate de Mirones son
comparables, en su innovación y transferencia, al cambio que marchaba, en el
Cuzco, del Mural a los Maestros Campesinos.
Con una diferencia fundamental: los Murales-Lienzo formaron toda una
escuela durante casi cien años. El
Lienzo-Mate de Mirones no tuvo, que sepamos, continuadores. A no ser que incluyamos a Mirones dentro de
una serie mayor y diferente a la del Mate Burilado. Estoy pensando más bien en los grabados de
imprenta. Pero verbalizada la hipótesis,
me pregunto si excluye la anterior: ¿No habría en el Perú durante el XIX algún
tipo muy especial de relación entre grabados de imprenta y burilados de mate?
Luego de esta breve presentación general regresemos a los
nuevos cuadros de Mirones. Carnaval en La
Paz fue trabajado por Mirones con la misma técnica y con los mismos
recursos plásticos que había empleado en el Carnaval
de Tacna. Sin embargo, entre uno y
otro, cuadro pueden mediar algunos años, aunque ambos sean de la misma
época. Lo supongo por la identificación
de lo respectivos personajes históricos.
El cuadro de Tacna parece representar al Presidente Castilla, en cuyo
caso no puede ser posterior a 1868. Mientras
que en el Carnaval en La Paz figura
Melgarejo, que mandó Bolivia entre 1864 y 1871.
¿Quién era Melgarejo? Uno de los más terribles y ridículos
dictadores de Sudamérica hace cien años.
Jorge Basadre (1948) hizo una exacta semblanza de Melgarejo con su larga
y asombrosa “cadena de intemperancias”. Melgarejo fue un conspirador perpetuo
que no respetaba palabra ni compromiso; gobernaba Bolivia con arbitrariedad.
Infundia temor sobre todo en el curso de las numerosas fiestas orgiásticas que
celebraba en su Palacio de La Paz- El Ministro de Chile Sotomayor Valdez habló
de su naturaleza belicosa y violenta, y añadió: “Al ver aquella cabeza diminuta
y puntiaguda diríase que no habían sido hechas para pensar”. Nada (ni siquiera la paz continental) estaba
seguro con Melgarejo. Basadre recuerda que, en uno de sus momentos de locura alcohólica,
Melgarejo decidió declarar la guerra al Perú porque no había encontrado sábanas
en su cama, y quería llevarlas a La Paz desde Puno.
![]() |
Carnaval en La Paz |
Al comprar los dos Carnavales (Tacna, La Paz), es evidente la
repetición, o escasez, de los recursos plásticos empleados por Mirones. Ambos cuadros coinciden en numerosos
elementos. Los paisajes de fondo son las
mismas edificaciones neoclásicas con algunas pequeñas variantes. Los personajes principales son presentados en
pareja y colocados igualmente en el ángulo izquierdo de la pintura. El Aguatero y el Bufón de La Paz que enmarcan
a los dignatarios bolivianos tienen sus correspondientes en el Vendedor o el
Guitarrero que escoltan a los militares peruanos en el Carnaval de Tacna. La
composición, por último, obedece al mismo tipo de movimiento: de la derecha
hacia la izquierda.
La única diferencia principal consistiría en que Melgarejo y
su acompañante parecen encabezar el desfile carnavalesco, lo que no ocurre con
sus similares de Tacna. Todos estos
préstamos y superposiciones indicarían que cada cuadro (¿o serie de cuadros?)
estuvo destinado a clientelas diferentes.
En otras palabras, Mirones sabía bien que quienes comprasen el Carnaval de Tacna tendrían escasas
oportunidades de conocer su Carnaval en
La Paz; o al revés.
No sabemos qué otras obras pudo pintar Mirones después de
1871, fecha en que Melgarejo fue derrocado.
Ocho años después el artista debió ser testigo de los primeros
desembarcos chilenos en el litoral boliviano.
A esa época corresponde un último cuadro, titulado El Alto de la Alianza, (batalla ocurrida en 1879).
El Alto de la Alianza
es un cuadro al parecer incompleto. Bien
podría ser un primer apunte sobre el tema.
Las figuras de oficiales y soldados no están trabajadas con el mismo
cuidado que Mirones puso en sus dos Carnavales.
El título mismo parece ubicado provisionalmente. Cabe, al mismo tiempo, otra hipótesis: esta
obra representaría la última etapa en la producción artística de Mirones. El pintor estaría cansado, viejo o enfermo; y
sus facultades profesionales no eran ya las mismas. La batalla pintada por Mirones sugiere una
vez más las preferentes relaciones del autor con Bolivia. El Alto de la Alianza ha sido pintada varias
veces por artistas bolivianos. Conozco
por lo menos un ejemplar más, guardado por la familia Estensoro en Cochabamba.
Nada de lo dicho permite sin embargo afirmar que Mirones
fuese boliviano. En años anteriores supuse
que había nacido en Tacna. Pero hoy,
teniendo a la vista esta pintura sobre el Alto de la Alianza, me pregunto si no
habría nacido en Chile, ya que este cuadro está pintado desde el punto de vista
físico y sicológico de los chilenos. Por
momentos parecería que el artista estuviera inmediatamente detrás de la
caballería chilena aguaitando el curso de la batalla. Los soldados peruanos y bolivianos aparecen
desdibujados y pequeños, disminuidos, presentados a la distancia. Todo el color fue concentrado por Mirones en
las tropas de Chile, cuyas banderas se destacan mientras que aquellas de sus
contendores apenas si resultan visibles.
![]() |
El Alto de la Alianza |
Gracias a estos dos cuadros, contamos con una significativa
muestra de la producción de Mirones a lo largo de casi 20 años. Sin duda Mirones ejecutó muchas otras
pinturas. Pero no es probable que
subsista un alto porcentaje de las mismas.
Los materiales utilizados por Mirones fueron siempre de corta
durabilidad: tocuyos muy delgados que recibían un mínimo tratamiento. Las pinturas son témperas que Mirones se
esforzó en preservar cuidadosamente gracias a un procedimiento que
desconocemos. Pero, como todos los
suyos, son trabajos siempre en peligro de deterioro o pérdida definitiva.
¿Para quién pintaba Encarnación Mirones? No es probable que
tuviese como clientela a coleccionistas privados de Perú y Bolivia. Entre otras razones porque entonces casi no
los había. Además, por que las escasas
personas que podían pretender algún cuadro preferían los estilos europeos. La suya tampoco pudo ser una producción
destinada al turismo consular, a los viajeros o residentes extranjeros en
América del Sur. De haberlo pretendido,
Mirones hubiera recurrido a las acuarelas de pequeño formato, como lo hacía
entonces el pintor peruano Pancho Fierro.
Podemos suponer, en cambio, que estas pinturas fueran vendidas por
Mirones a cafés y billares en el circuito Bolivia-Perú. Como espacios de socialización política y
artística, los cafés sudamericanos no han sido todavía estudiados, pese a que
existe una temprana referencia sobre estas funciones en el Mercurio Peruano (Lima, siglo XVIII). El propio Pancho Fierro –en tanto que
muralista– fue un artista de café.
También lo serían en el XIX-XX Evarista Gutiérrez y Corneta Flores con
sus Papeles Pintados (La Paz, Tarija). Mirones pertenecería a este grupo.
Un caso como el de Mirones permite confirmar una antigua
sugerencia mía en el sentido de que la pintura popular del siglo XIX fue, en el
Perú (y quizás en toda Sudamérica), mucho más activa que la pintura académica o
lo que hacía sus veces. De este tiempo
son Pancho Fierro, Arce Naveda, Mirones, los muralistas del sur peruano, los
tocuyos de Chachapoyas y los anónimos maestros que produjeron los llamados
primitivos cuzqueños.
*Publicado en Revista Debate N° 20. Lima, Junio de 1983.
LA FECHA DE LA BATALLA DE TACNA ... FUE EN 1880
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